Por qué los agricultores repiten con nosotros
No prometemos rendimientos que no podemos sostener. Lo que sí podemos mostrar es cómo trabajamos, qué medimos y qué hacemos cuando algo no sale como esperábamos. Esa parte, la de los ajustes, suele ser la que decide si un proyecto de regeneración sigue en pie la segunda campaña.
Analítica antes de recomendar
Antes de proponer una mezcla de compost o un consorcio microbiano pedimos análisis de suelo: pH, materia orgánica oxidable, conductividad y relación C/N. Sin esos datos, cualquier receta es una suposición. En parcelas de regadío del Ebro hemos visto cómo un mismo compost funcionaba distinto según el historial de laboreo.
Trazabilidad del lote
Cada partida de compost sale con su fecha de volteo, temperatura máxima alcanzada y resultado de la prueba de germinación con berro. Si un lote no pasa el umbral de madurez, no se entrega: se reincorpora a la pila o se destina a uso no agrícola. Preferimos retrasar una entrega antes que enviar material inmaduro.
Consorcios adaptados, no genéricos
Los consorcios microbianos que preparamos se ajustan al tipo de suelo y al cultivo previsto. No es lo mismo inocular en un suelo calizo de secano que en uno ácido con riego por goteo. Ajustamos proporción de hongos micorrícicos y bacterias solubilizadoras de fósforo según el caso.
Seguimiento en campo
Volvemos a la parcela a los dos o tres meses para revisar estructura del suelo, presencia de micelio y respuesta del cultivo. A veces el resultado es bueno y no hay que tocar nada. Otras veces conviene repetir la aplicación o corregir la dosis. Lo documentamos y lo compartimos con el agricultor.
Equipo con oficio
Trabajamos con personas que llevan años en compostaje y microbiología aplicada, no con perfiles comerciales que cambian cada temporada. Eso permite mantener criterios estables entre campañas y explicar con claridad por qué tomamos cada decisión técnica.