Un técnico recorre la parcela, anota cultivo anterior, pendiente y compactación. Se recogen entre tres y cinco submuestras por hectárea para analizar pH, materia orgánica oxidable y conductividad. El informe preliminar llega en un plazo de tres a cinco días laborables.
Con los datos analíticos se decide la proporción de compost maduro, material leñoso cribado y consorcio microbiano. Si el suelo arrastra un historial de laboreo intenso, se prioriza fracción gruesa para airear antes de incorporar la fracción fina. La ficha de mezcla se firma antes de abrir el lote.
El material permanece en eras volteadas con registro de temperatura cada 48 horas. Se comprueba relación C/N, humedad y ausencia de fitotoxicidad mediante prueba de germinación con berro. Si algún parámetro se sale del rango, el lote vuelve a maduración y se retrasa la entrega.
Se criba a la granulometría acordada, normalmente 10 o 20 milímetros, y se toman muestras testigo que quedan archivadas doce meses. El envasado se hace en big bags o a granel según acceso del camión a la finca.
La entrega se coordina con la ventana de siembra. En parcelas con suelo húmedo se recomienda aplicar y no labrar hasta pasadas 48 horas, para que el consorcio se asiente en el perfil superficial. El albarán incluye número de lote y fecha de fabricación.
A los tres meses se revisa infiltración y color del horizonte superficial. Al año se repite el análisis de materia orgánica para comparar con la línea base. Los resultados se entregan junto a una recomendación de mantenimiento para la campaña siguiente.
Antes de cerrar cualquier calendario conviene dejar por escrito qué se considera entrega, qué queda fuera y cómo se resuelven las dudas que suelen aparecer a mitad de camino.
Si ya tienes una parcela concreta, un cultivo previsto y una idea del volumen de restos que generas al año, podemos revisar juntos si el compostaje en finca encaja o si es más razonable empezar por una prueba de madurez en laboratorio. Esa primera conversación no compromete a nada y suele ahorrar meses de trabajo mal orientado.
En delivery no vendemos un producto cerrado. Cada pedido entra por una valoración previa, se ajusta a la materia prima disponible y termina con un seguimiento del lote. Estos son los pasos que seguimos en TierraViva Organics, con los tiempos y las decisiones que dependen de cada explotación.
Recogemos tipo de cultivo, superficie, historial de enmiendas y análisis de suelo si existe. Sin esos datos no proponemos mezcla ni dosis: la respuesta cambia mucho entre un olivar de secano y una huerta intensiva.
Definimos relación C/N de entrada, proporción de restos leñosos y tipo de consorcio microbiano. Si el material de la finca no da para el volumen previsto, lo decimos antes de firmar nada.
Volteos programados, registro de temperatura en tres puntos de la pila y control de humedad. El compost no se mueve de nave hasta que la curva térmica se estabiliza y baja de los 40 grados.
Periodo de reposo con análisis de laboratorio: materia orgánica estable, conductividad, pH y prueba de germinación. Un compost joven inmoviliza nitrógeno y arruina la aplicación, así que aquí no se acorta.
Coordinamos transporte a parcela, descarga y ventana de aplicación según calendario de labores. Entregamos ficha con dosis orientativa y recomendaciones de incorporación al suelo.
A los pocos meses revisamos evolución de materia orgánica y actividad biológica con el cliente. Si algo no encaja, se corrige en la siguiente campaña en lugar de repetir la misma receta.
Antes de cerrar un pedido conviene ver cómo trabajamos en campo: casos de aplicación reales y material técnico descargable.